Un niño sin educación por cada marcha

Perú-Calidad de Educación Primaria 2010- 2011: puesto 133 de una lista de 139 países.

Luego de treinta días de protestas, una nueva huelga del Sindicato Unitario de Trabajadores en la Educación del Perú, Sutep, habría encontrado el esperado humo blanco, al menos un gran sector del mismo, el pasado viernes, cuando el Gobierno arribó a un nuevo acuerdo.

Pero lo que es no es novedad y amenaza con convertirse en endémico es que la celebración del mismo, fue unilateral. Solo el Sutep sale ganando nuevamente con el reconocimiento de un bono de 300 soles programado para el  último trimestre del año, la instalación de una mesa de diálogo con la participación de la Presidencia del Consejo de Ministros con el objetivo de confeccionar una agenda para mejorar la educación en nuestro país, entre otros puntos exigidos, dejando de lado el único público objetivo que debería ser la preocupación de todos: miles niños en nuestro país.

¿Qué mejora en la calidad educativa ha generado esta larga historia de marchas, contramarchas, y decenas de acuerdos en blanco y negro? Según cifras del Banco Mundial, nuestro país ocupa uno de los últimos lugares en comprensión lectora y en matemáticas de toda América Latina. La respuesta es tácita.

Pero no es la única arista a analizar, si tomamos en cuenta la falta de respeto total al marco legal e institucional y sobre todo, la falta de sanciones. Y es que al hecho que la huelga fuese declarada ilegal, poco favor le hace la ministra del sector, Patricia Salas, al principio de la igualdad de todos ante la ley, al aceptar que ningún maestro del sindicato será penalizado con  descuentos en sus remuneraciones por los treinta días en los que dejaron de educar a miles de niños. Poco favor, le hace a cualquiera de nosotros, los mortales sin corona, para quienes la normal laboral es clara: si un trabajador no asiste por tres días consecutivos a su centro laboral sin justificación, es simplemente despedido. Y de taquito, impone un nefasto ejemplo para miles de niños a quienes se les quiere inculcar una cultura de valores y respeto.

¿Huelga solucionada?

La crónica del frustrado final de una huelga anunciada, y que de paso, evidencia el quiebre estructural interno de este sindicato, se inició a menos de 72 horas del “acuerdo”, cuando su secretario general, aseguró que la medida no se había “levantado sino suspendido”. ¿Cómo dice que dijo? Y que si las negociaciones no se desarrollaban por buen camino (vale decir a la conveniencia de sus intereses) la medida se retomaría.

Sus palabras, al parecer, tuvieron efecto incendiario al interior del país: 500 docentes del Sutep Áncash se enfrentaron a la policía, en seis regiones del país marcharon en contra del acuerdo aceptado en la capital, gracias a lo cual el ausentismo de docentes y alumnos, algunas de éstas llegó al 80%. Conare Sutep, la facción pro senderista del Sutep, demandó, sin reparos, desenterrar la antigua ley del profesorado, que significaría retornar a fojas cero cualquier avance de la Ley de Carrera Pública Magisterial.

 ¿Y ahora quién podrá defendernos?

Pues el único encargado es el Gobierno, aplicando algo tan básico como la ley. Descuentos, despidos e incluso pena privativa de la libertad para quienes bloqueen vías o violenten recintos públicos y privados se hacen necesarios para parar esta ola de huelgas radicales. Mientras tanto, serán los miles de niños las lamentables víctimas a quienes se les ha puesto en jaque un año escolar, quienes deberán ir más horas a clase para recuperarlas, incluso sábados y domingos. Y quienes, a través de los medios tradicionales y virtuales, son mudos testigos de cómo en nuestro país la fuerza y la irracionalidad se impone al respeto a las leyes e instituciones, como parte de su “educación” de valores y cultura.

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