No Susana, Sí Susana

Mientras se escribe este artículo, imagino los dedos cruzados de Carlos Vidal Vidal, el gran promotor de la revocatoria, soltándose y celebrando con palmas, ya que se llegó a la meta de las 400 mil firmas necesarias para plantear la revocatoria de la alcaldesa de Lima, Susana Villarán, según informó el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil, RENIEC.

Bienvenida la segunda fase de la consulta popular, en caso el Jurado Nacional del Elecciones de luz verde ratificando que los registros del último lote sí son válidos, bienvenida la paralización de obras en toda la capital y el nuevo récord de vergüenza estadística: tres alcaldes en cuatro años.

Que a muchos no nos cae Susana Villarán, de acuerdo. Que irrita su evidente falta de comunicación, negociación y no dedicarse más a las necesidades de la cuidad y temas ediles en vez de estar opinando de tema de coyuntura, de acuerdo. Pero, paralizar una gestión, obras y crear inestabilidad no es materia de celebración.

Más allá de los 80 millones de nuevos soles que cuesta el proceso, una revocatoria en este momento va a parar en seco una serie de proyectos a favor de la calidad de vida de los limeños como la reforma del transporte y el mercado de Santa Anita. A eso hay que sumarle la incertidumbre de dejar acéfala la comuna limeña.

Este escenario debería llevarnos a la reflexión sobre las verdaderas implicancias de los procesos de revocatoria de autoridades, que si bien es un instrumento de control ciudadano y democrático, no debe caer en vicio de convertirse en barreras de la gestión estatal.

Anuncios